Fundación Diario De Un Cuidador | Que hablen los cuidadores
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Que hablen los cuidadores

Que hablen los cuidadores. Que alcen la voz. Que no tengan miedo, ni tan siquiera un ápice de vergüenza, de hacerlo. Que saquen a sus dependientes a la calle. Que la sociedad los vea: a unos con los obstáculos con los que la vida se lo ha puesto un tanto más complicado que al resto, y a los otros, desempeñando ese papel tan intenso y emocionalmente complejo de quien camina al lado de los más necesitados y que tanto sufre en silencio sin quejarse.Los cuidadores no se quejan. Lloran. Maldicen. Alcanzan el colapso. Se endurecen por fuera mientras su interior se va rompiendo en cientos de añicos. Necesitan comunicar y ser comprendidos. Ríen. Gritan. Se desesperan. Pierden los nervios, los papeles y la paciencia porque todo cerebro tiene un aguante y su propio tope límite de presión antes de que estalle. Piden mil y una disculpas. Se flagelan. Se culpan. Se castigan. Son los primeros en ser críticos y exigentes con ellos mismos. Saldrían corriendo sin mirar atrás en breves coyunturas de lógica sobresaturación. Se asfixian por la responsabilidad y el dolor. Y, aún así, continúan avanzando desde el amor más incondicional que exista, transmitiendo y dando todo lo que les es posible dar, dentro de cada una de sus posibilidades y propias limitaciones. Pero quejarse, no se quejan. Aprenden a callar, tragar y a actuar mejor que nadie. Porque para ellos, el afectado, su ser querido, siempre será lo primero y estará por encima incluso de su propia salud.

Que el mundo sea consciente de que existen todo tipo de realidades en este planeta; que todos somos iguales a pesar de nuestras diferencias; que una enfermedad crónica y que conlleve a la degeneración y/o discapacidad no nos hace distintos, nos hace igual de mortales y frágiles ante el Universo. Nos recuerda quiénes y qué somos. Hoy sois vosotros. Mañana pueden ser ellos. Aunque no se lo deseamos a nadie.

Que sientan empatía hacia ambos vuestras familias, vuestros amigos, vuestros vecinos y aquellos desconocidos con los que os cruzáis por la calle a diario. Y qué sepan, lo importante que es vuestra figura en esta sociedad, lo mucho que estáis dando sin esperar recibir nada a cambio. Sois héroes. Sois maestros. Sois admirables. Sois el ejemplo que muchos deberían seguir. Sois seres con otra escala de valores, otra percepción de la ética, otra manera de ver y encarar la existencia. Solo aquellos libres de egoísmo y no superficiales podrían hacer lo que hacéis o habéis hecho. Que muestren empatía y solidaridad porque esas son cualidades humanas que debemos seguir cultivando. Pero que no os desprecien mostrando pena o compasión nunca. Y menos que os traten o miren con lástima. Empatía y solidaridad, pena, compasión o lástima, no son lo mismo. Y si hay algo que no busca ningún cuidador o ex cuidador es el hacer sentir mal a los que jamás han tenido que sufrir como nosotros sufrimos. Únicamente, pretendemos abrirle los ojos al mundo.

No todos somos idénticos. No todos estamos sanos o somos jóvenes y perfectos. La perfección no existe. La belleza, la juventud y su aroma, se marchitan y esfuman con la rapidez con la que lo hacen las de una flor recién cortada. Tienen fecha de expiración. Todo organismo la tiene. No somos una excepción. Por más que lo hayamos olvidado, somos parte de la naturaleza, del cosmos, de las estrellas. Y el tiempo siempre corre en nuestra contra. Hoy estamos sanos. ¿Lo estaremos mañana?

Que no se sientan culpables. ¡Cuánto daño ha hecho ese complejo de culpa judeocristiano que tan arraigado ha quedado asentado en nuestra historia genética y espiritual colectiva! Fluyamos con la vida. Mantengamos el optimismo, la ilusión y las ganas de vivir, de ser, de existir… por más que duele. Aceptemos cómo nos vienen las cosas. Escalemos las montañas que se crucen en nuestros caminos.

Que la vida os llene el alma de recuerdos bonitos, de momentos inolvidables, de una sensación de paz absoluta. Que vuestras conciencias se queden tranquilas al llegar al final del camino. Que tengáis muy claro que siempre brillará una estrella para vosotros en el cielo. Y sois lo más importante para otros seres humanos que, sin vosotros, sin vuestra asistencia, sin vuestra presencia, no serían capaces de sobrevivir.

Se os quiere. Se admira, cuidadores y ex cuidadores. Que nuestro entorno, que la sociedad, que los gobiernos, en un futuro no muy lejano, reconozcan lo imprescindibles que somos y nos otorguen todos esos derechos que con creces y por justicia nos merecemos. Que todos veamos llegar ese día, ese nuevo amanecer.

1 Comentario
  • Martha Medina

    4 abril, 2016 at 3:48 am Responder

    Los felicito. Excelente reflexión. Espero sigan animándonos a salir adelante en tan difícil tarea. Es una acción humana los que cuidamos a nuedtro ser querido y desválido. Gracias!

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