Fundación Diario De Un Cuidador | ¡Ya basta!
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¡Ya basta!

A todos los que hemos pasado, estamos pasando y pasaremos por ello, tristemente. A aquellos que serán lo suficiente afortunados para no tener que convivir con ninguna enfermedad mental pero que se solidarizan con nosotros, nos entienden y apoyan. Y a tantos otros miembros de esta social global que necesitan un alto grado de información, concienciación y sensibilización. En definitiva, la gran mayoría que sigue estigmatizando a quienes padecen sin ser capaces de remediarlo. Rompamos con todo lo negativo entorno a las patologías neurológicas. Incluyamos. No excluyamos. Acerquémonos a ellos. No los repudiemos ni huyamos de éstos. Son seres humanos que merecen todo el respeto y empatía del mundo. Como nosotros también lo merecemos.

Hablemos de la afección crónica mental (trastornos, síndromes, neurodegenerativas, demencias) que hablemos, no existe nada ni nadie que nos haya prepardo para ver a ese individuo querido/conocido/amor de nuestra vida, irse apagando como una vela y perdiendo su quienes es, sin poder hacer más que acompañar, assitir, ser sus manos, sus piernas y su cabeza, y darle todo el amor que tengamos dentro.

De una forma u otra, todos sabemos lo que significa perder a una de esas personas que más hemos amado, amamos o amaremos en toda nuestra existencia. Esas que te han dado la vida, que te han brindado lo mejor que podían permitirse: un techo bajo el que cobijarse, una cama sobre la que dormir, calor, alimento, aliento, ánimos, educación y, sobre todo, mucho apoyo, mucha ayuda y mucho amor, absolutamente incondicionales; esas personas que te engendraron y/o criaron y fueron tu referente.

El ser directos e impotentes testigos de su deterioro, de su sufrimiento, de esos sentimientos y duelo con los que habemos de lidiar y gestionar, y observar como sus capacidades van mermando, como sus bocas sonríen y hablan menos, como sus ojos van perdiendo ese particular brillo que nos confiere conciencia y como su mirada se va perdiendo en ese universo desconocido del subconsciente, ajenos cada vez más a todo lo que les rodea, es vivir una pérdida en vida.

Qué duro es ver a una madre/padre convertirse en nuestros hijos. Qué duro es ver el dolor y sensación de exclusión de aquellos que no tienen una demencia, ni tan siquiera una enfermedad neurodegenerativa, pero sí otras de tipo psiquíatrico/neuronal. No hay palabras para describirlo. Solo sabes lo que es si lo vives en primera persona.

Nos produce una pena tremenda la falta de tacto por parte de algunos, sus reacciones de miedo, de repudio, de rechazo, de incultura y deshumanización. Cuidar y acompañar a padres y familiares con una salud mental dañada es piscológica y físicamente agotador, ya sea por cualquier tipo de demencia, ictus, accidentes cardiovasculares, etc. Y más tremendo es cuando están en estados vegetativos, comas y demás.

Ningún hospital parece querer hacerse cargo y que te has de sacar el título de enfermería para cuidar tu mismo de esa persona o de tener una gran solvencia económica para financiar residencias que solo ven, en gran cantidad de ellas, camas ocupadas y dinero, en vez de individuos con sentimientos. Reducen y explotan a las auxiliares hasta que las queman, limitan los ratios para sacar mayor margen en ganancias, y al entrar el usuario por la puerta, lo primero que hacen es sentarlos en sillas de ruedas y ponerles un pañal, lo necesiten o no. Los psquiátricos o alas psiquiátricas de hospitales públicos o privados tampoco se salvan. Se sobre medica en ambos entornos y si sales de uno de ellos sueles hacerlo peor de lo que estabas al entrar.

¡Ya basta! Basta de sujetar física o químicamente. Basta de colocar etiquetas negativas sobre los que no tienen una salud mental “socialmente normal” (el 70% de los habitantes de los países occidentales consumen algún tipo de antidepresivo y/o ansiolítico). Vivimos en una sociedad NO sana a nivel mental.

Y hablamos siempre en general, por supuesto. No se debe generalizar. Buenos y malos profesionales se ven en todos los campos. Gente sensibilizada o con cero empatía, también.

Es desolador cuando los que han dado todo por su familia nos preguntan un día: “¿Quién eres?, ¿Cuando nos vamos?, ¿Dónde estamos?, ¿Dónde está mi madre?, ¿Cuando vuelve mi hija?”, por ejemplo. O cuando se sienten desorientados y sobre estimulados sin razón o porque se sienten en un entorno extraño, cuando se adentran en un bucle de repeticiones sin fin, en obsesiones, en confabulaciones, en manías, en alucinaciones y brotes de agresividad. Y cuesta asumir que no son ellos sino el trastorno y/o el deterioro neurológico, manifestándose a través de ellos. Ver como van perdiendo, poco a poco, sus distintas capacidades y su movilidad física, hasta que sus padeceres mentales llegan a extremos tan devastadores que destruyen al enfermo y rompen a quienes los rodean.

A parte de las demencias, otras patologías como la depresión, el síndrome post-traumático, la psicosis, el desorden bipolar y maniacodepresivo, el síndrome de Asperger, el autismo y los tantos diversos trastornos existentes necesitan visibilización y normalización. Los desórdenes del cerebro no se escogen. Como tampoco eliges tener un cáncer.

Es vergonzosa la falta de recursos, tanto humanos y como económicos, que los gobiernos consideren a este tipo de enfermos una carga económica y social. Y que, en el fondo, son más vistos como un estorbo que como miembros de la sociedad que tienen los mismos derechos y merecen el mismo trato que el resto.

No sabemos cual de nosotros  será el siguiente. Nos puede tocar a todos. En un futuro, los que lleguen a ser mayores seguirán encontrándose con las mismas situaciones (o peores) de desamparo, si no cambiamos las cosas ya, desde el presente.

Una débil salud mental no es un signo de “debilidad”. Todos podemos sufrirla en ciertas etapas de nuestro camino. Y es por ello que no podemos permitirnos el dejar de reclamar que no solo no recorten más la Sanidad Pública sino que sea reforzada desde cada uno de sus ámbitos.

1 Comentario
  • Alejandra Naranjo

    22 febrero, 2018 at 6:00 pm Responder

    Me siento tan identificada con estas letras , viví una historia similar, no me pesó hacerlo pues definitivamente es entregarle gratitud al abuelo que representó en mi vida el ser un papá. Gracias por compartir esto , porque permite que uno no se sienta tan solo y saber que hay muchos que viven y han vivido este mismo proceso. Los leo desde Colombia. Un abrazo caluroso.

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